23 septiembre 2010

El esguince de tobillo


De las muchas lesiones que puede sufrir un futbolista a lo largo de su carrera deportiva, la que seguramente se repite con más asiduidad es el esguince de tobillo. Se trata de una lesión que, aunque no es de gravedad y se recupera en poco tiempo, se produce con tanta frecuencia que es casi la lesión estrella del fútbol.

El esguince es una distensión, desgarro o rotura de los ligamentos laterales del tobillo que se manifiesta con dolor al apoyar el pie en el suelo y con una inflamación de la zona. En esta articulación, al igual que en la rodilla, existen unas estructuras fibrosas que la dotan de mayor estabilidad en los movimientos laterales. Esas estructuras son los ligamentos, que son como gomas elásticas que cuando el tobillo sufre un gesto brusco se estiran o se rompen.

En el tobillo hay un ligamento lateral interno y otro externo, que es el que sufre el 90% de las lesiones de este tipo. Los mecanismos que originan el esguince son muy variados, aunque casi todos están relacionados con el apoyo del pie en el suelo. La causa más frecuente de lesión suele ser la torcedura de tobillo, que hace que el pie se gire hacia dentro y, por tanto se produzca una distensión del ligamento lateral externo.
Los saltos pueden resultar también crueles para la articulación, sobre todo si se cae en un terrerno irregular o sobre algún compañero, lo que facilita aún más la torcedura.
Otros factores que propician la aparición de este problema son los giros bruscos de dirección y los traumatismos directos, como una patada en la zona.

Cuando se produce un problema de este tipo conviene cesar inmediatamente la actividad, puesto que un esguince mal curado puede ocasionar una inestabilidad permanente de la articulación. Los tiempos de recuperación de los esguinces son breves, aunque deben respetarse para evitar problemas posteriores. Estos periodos de descanso varían entre una y cuatro semanas, dependiendo de la gravedad de la lesión (entre simple distensión y la rotura completa del ligamento).

Para evitar que los esguinces se conviertan en los más duros enemigos del futbolista es necesario recordar algunas normas de prevención que contribuyen a esquivar esta lesión. Una de las mejores formas de evitarla es mantener un buen tono muscular de toda la pierna, sobre todo del tibial posterior y los peroneos (próximos al tobillo), para que los ligamentos encuentren en esos músculos un refuerzo que dificulte su distensión o rotura. Además, hay que llevar a cabo un buen entrenamiento de la movilidad articular y de la flexibilidad de todo el tobillo. Así se consigue una articulación más resistente frente a los factores que producen la lesión.

Un buen calentamiento antes de los entrenamientos y de los partidos ayuda a prevenir la lesión. Si el organismo se prepara para el esfuerzo alcanza una temperatura en la que se trabaja mejor. Si no se calienta no sólo se rinde menos, sino que casi todas las estructuras presentes en el organismo son mucho más frágiles frente a un esfuerzo.

Tanto los profesionales como los aficionados suelen recurrir al vendaje del tobillo o al uso de tobilleras como método de prevención. Así se consigue una mayor estabilidad de la articulación que descienda el riesgo de lesión en un mal apuyo. En ese caso, el vendaje o la tobillera refuerzan el papel de los músculos de la zona.

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